El monologo que vivimos esta noche en el Teatro Morelos de Toluca, fue una muestra de la tremenda capacidad que tiene Mario Ivan Martínez de envolvernos en una historia de desencanto y locura que sigue vigente hasta nuestros dias.
La obra escrita por el autor ucraniano-ruso Nikolái Gógol y publicada en el año 1835, como un cuento o novela corta, la cual ha sido adaptada innumerables veces y hoy interpretada dramaturgicamente por el actor mexicano de renombre internacional nacido en Ciudad de México en 1962, que ganó un premio Ariel por su interpretación en la película de Alfonso Arau de 1992 "Como agua para chocolate".
En la presentación que disframos, Mario Iván se mete en la piel de Aksenti Ivanovich, un burócrata que vive entre humillaciones, fantasías y delirios en Diario de un loco, que esta dirigida por Luly Rede, que combina humor, realismo social y elementos fantásticos para mostrar el mundo interior de un personaje que poco a poco pierde el vínculo con la realidad.
La frase que resume el conflicto: “La diferencia entre un loco y yo es que el loco cree que no lo está”.
Con pocos elementos, música, iluminación y actuación, la obra construye las imágenes que aparecen en la mente del protagonista y que el actor que estudio en la escuela de música y arte dramático de Londres, preparó el personaje con asesoría especializada para acercarse a las experiencias de pacientes psicóticos.
El resultado, sin duda exclente, no se queda solamente en el delirio sino en las fases que experimenta el personaje. La historia también expone la incomprensión y el maltrato hacia quienes enfrentan trastornos mentales, mientras Gógol utiliza la sátira para retratar una sociedad marcada por sus propias contradicciones.
Y ahí está el punto que permanece cuando termina la función: una historia escrita en el siglo XIX que todavía coloca al espectador frente a la frontera entre realidad, imaginación y exclusión. Una buena obra, un excelnte actor y un venue que nos deja bastante satisfechos hasta ahora.
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